Por Gustavo A. Viglieri
CANCER, una palabra que estremece solo de pronunciarla,
por la probabilidad de la muerte de su
portador que la misma encierra por un lado, como así también por todas las
implicancias asociadas a ella por el otro, como ser el impacto directo en el entorno familiar el cual se ve conmocionado por este escenario
en los órdenes emocional y económico fundamentalmente, dado que el ser humano no
está preparado para estas situaciones. Si a ello agregamos que la patología
deriva del trabajo desarrollado a
diario, queda la amarga sensación de haber estado pagando en cuotas un mal
premio, el que luego de muchos años de esfuerzo
es entregado y consiste, nada más y nada menos que en un Cáncer Ocupacional.
Argentina, al igual que
muchos países, legítimo es reconocerlo, carece de información estadística al
respecto.
En este punto, vienen a
mi mente, las palabras de una funcionaria Nacional de Trabajo que hace unos
años opinaba que la única forma de obtener información precisa sobre el
particular es vincular el certificado de defunción con la actividad laboral, de
lo que deviene como corolario que el trabajador debe morir de cáncer para acercarnos
a una estadística confiable, por lo que en lo que respecta a nuestra actividad habríamos
perdido la batalla.
Cierto es que las
defunciones son una base de información para la actuación, pero no necesito el
certificado de defunción de un trabajador expuesto a Sílice, para realizar
medidas de control Higiénico o tener estadísticas confiables, si partimos de la premisa que los Cánceres
Ocupacionales son Prevenibles por esencia. En este ítem podemos señalar como
acciones concretas a tal fin: la implementación de prácticas de control de las
exposiciones, sustitución de productos, exámenes periódicos ecuánimes, formación de
los trabajadores en los riesgos a enfermedades profesionales asociados a su puesto, seguimiento de estos
trabajadores al egresar del sistema de prevención, sistemas de alertas que
serán desarrolladas en otro artículo.
Pero de lo último
mencionado requiere de manera inmediata la
necesidad de tomar conciencia -por la entidad que adquiere en el tema que nos
ocupa- la ejecución de una acción elemental que en la actualidad o no se adopta
o se formaliza deficientemente, como ser los exámenes periódicos; los que según Información de la
SRT solo permitieron detectar el 5 % de las enfermedades profesionales reconocidas,
sin que el organismo de control, en la práctica, consume acciones concretas que
modifiquen esta situación.
Entonces, cuando me
hablan del éxito del Sistema de Prevención, para arribar a dicha conclusión
inexorablemente debo practicar el análisis desde la faz económica, concluyendo
que dicho éxito se sintetiza en la máxima: “menos enfermedades menos pagos”. En
este marco, el Sistema luego de años de inacción, ciñó su labor
a omitir la implementación de
acciones de
detección eficaces en las empresas, emergiendo como contrapartida la existencia
de enfermedades profesionales sin la debida contención.
Desde esa óptica se impondría que del
éxito del sistema en su concepción original, de proteger al trabajador, (mediante
la implementación de una correcta política de detección y prevención) sobrevendría
el fracaso económico, si consideramos que detectar y atender un enfermo de
cáncer y seguramente tener que pagar su
fallecimiento no es rentable. La solución generada por el Sistema actual es sencilla: Ocultar la realidad.
En pocas
palabras en prevención/compensación solo
se avanza en lo que es económicamente rentable.
Ahora bien, y puntualmente en el tema que nos ocupa, podemos tener una información
“base” y la encontramos en el Atlas de mortalidad por cáncer periodo 2007-2011
que en rigor de verdad, constituye una herramienta invaluable desarrollada por
los profesionales de Instituto Nacional del Cáncer dependiente del Ministerio
de Salud de la Nación[1],
que demuestra que cuando el trabajo es serio y responsable se pueden generar acciones para cambiar la realidad.
Según el Atlas aproximadamente
más del 20 % de las defunciones del país
son causadas por cáncer, siendo la cifra
cercana a 60 mil muertes anuales;
brindando este documento un desagregado geográfico y por edad, sexo, etc, que
permite generar hipótesis causales en cuanto
a la posible vinculación de factores de riesgos y determinantes de Salud,
para quien tenga interés en realizarlo.
En lo que concierne a
nuestro análisis, ante el interrogante de ¿Cuántas de estas muertes son de origen
laboral? El Instituto Nacional del Cáncer, respondió “no podemos saber cuántas
de estas muertes se deben realmente a una exposición a riesgo ocupacional a
pesar de que algunos cánceres pueden estar asociados con estos riesgos...”. Frente a esta incontrastable realidad
pensé que, teniendo el Atlas de mortalidad, pecaba de roncero si no continuaba en
mi búsqueda de respuestas.
En
este escudriñar, además tropecé con diversos trabajos internacionales al
respecto que realizaban estimaciones del porcentaje atribuible al trabajo como
las de Doll y Peto para la población de EEUU, y para la población
finlandesa (Nurminen y Karjailainen)
Las estimaciones de Doll y Peto son las
más conocidas, realizadas para la población en USA en 1981 y que concluyeron
que un 4% de todas las muertes por cáncer podían ser debidas al trabajo (Doll y
Peto, 1981). Dicha proporción es un promedio que puede variar en el tiempo, en disímiles
poblaciones y para diversos tipos de cáncer.
El estudio de Nurminen y Karjalainen
(2001) es posiblemente, hasta la fecha, de los más completos y rigurosos sobre
este tema. Estimaron los riesgos atribuibles a la mortalidad por exposiciones
laborales para la población finlandesa en base a una revisión exhaustiva de la
literatura epidemiológica, con criterios de calidad y de selección, y la
información relativa a la prevalencia de exposiciones laborales en los
trabajadores finlandeses según una matriz empleo-exposición previamente
elaborada en Finlandia. Para sus valoraciones consideraron los rangos de edad
relevantes para cada enfermedad en función de la edad media de jubilación en
Finlandia (59 años) y los períodos de latencia (tiempo desde su inicio hasta su
manifestación clínica) de los procesos. Así concluyeron en un porcentaje más elevado que el propuesto por
Doll y Peto, juzgando que el 8% de todos los cánceres se puede atribuir a
exposiciones al trabajo.
Aunque
la extrapolación de las estimaciones basadas en los datos de los países
desarrollados es cuestionable, ya que en los países en vías de desarrollo las
frecuencias e intensidad de
exposiciones mal controladas son mayores, pondero que sirven de base para
nuestra discusión, por lo que en este cotejo me limité a aplicar las mentadas
proyecciones a los números de cáncer
expuestos en el Atlas del Ministerio de Salud, ya que un tratamiento más profundo
de esta problemática requiere de financiamiento que hoy no encontramos.
En el cuadro 1 podemos ver las
estimaciones de muertes por cáncer ocupacional, según los trabajos antes
mencionados. En primer lugar se puede apreciar un total para el periodo
recolectado por el Instituto Nacional del Cáncer, y luego se tomaron tres tipos
de cáncer con vinculación Laboral.
Cuadro 1: Muertes por Cáncer en
Argentina con estimaciones vinculadas al Trabajo.2007/2011.
|
|||||
Argentina Totales
|
Doll y Peto
|
Nurminen y Karjalainen
|
|||
Mortalidad
2007/2011
|
287.841
|
4
|
11513,64
|
8,4
|
24178,64
|
Promedio Anual Total de Muertes vinculadas al trabajo
|
2302,728
|
4835,72
|
|||
%
|
%
|
||||
Pulmón, Hombre
|
32.485
|
15
|
4872,75
|
29
|
9420,65
|
Pulmón, Mujer
|
12.411
|
5
|
620,55
|
5
|
620,55
|
Vejiga, Hombre
|
4.940
|
10
|
494
|
14
|
691,6
|
Vejiga, mujer
|
1.577
|
5
|
78,85
|
0,7
|
11,039
|
Laringe, Hombre
|
3.673
|
2
|
73,46
|
9
|
330,57
|
Laringe, Mujer
|
544
|
1
|
5,44
|
0,5
|
2,72
|
Total 2007/2011 (Pulmon, vejiga y
Laringe)
|
55.630
|
6145,05
|
11077,129
|
||
Promedio anual (Pulmon Vejiga y
Laringe)
|
1229,01
|
2215,4258
|
|||
Para el periodo
2007/2011 las estimaciones traspoladas a
nuestro Pais de Doll
y Peto y Nurminen y Karjalainen sobre la Mortalidad vinculada a exposiciones laborales van
desde 11.513 a 24.178 trabajadores
fallecidos respectivamente. Generando un
promedio anual de entre aproximadamente
2300 y 4800 fallecidos según el estudio considerado.
En los tres tipos de cáncer analizados tenemos un
promedio anual de entre 1229 y 2215 siendo entre estos 3 casi el 50 % de los fallecidos totales.
Y puse un coto al análisis, pues no quise profundizar
con estimaciones europeas sobre las defunciones laborales totales donde las muertes por accidentes solo
representan el 20 % del total de fallecidos, el remanente obedece a
enfermedades profesionales.
Estas cifras alarman. En primer lugar porque no participan
de ninguna estadística oficial, siquiera como estimaciones y desde otro sitio porque
aún en el más conservador de los análisis, nos encontramos con cientos de
trabajadores y sus respectivas familias
que carecen de la debida asistencia ante el flagelo del Cáncer
Ocupacional, como consecuencia de la
impericia e ignorancia de unos y la displicencia de otros.
Con suerte en la mayoría de los casos la asistencia médica es absorbida en mayor o
menor medida por el resto del Sistema de Salud Argentino (Obras sociales, Hospitales
Públicos, etc) con lo que ello implica, pero lo cierto es que el gran ausente
en este tema es el Sistema de Prevención de Riesgos Laborales, circunstancia
que claramente encuentra su exégesis en la escasa rentabilidad que implica
asumir este bagaje a la hora de multiplicar las estimaciones de fallecidos por
las compensaciones por muerte Laboral.
De lo expuesto, deviene como
colofón que “los obstáculos para prevenir el cáncer ocupacional son políticos y
económicos, más que técnicos, científicos o médicos.” [2]
Fuentes.
Atlas de Mortalidad por Cáncer. Argentina
2007/2011. Instituto Nacional del Cancer. Ministerio de Salud de la Republica
Argentina.
Cáncer Laboral en España.
Instituto Sindical de Trabajo, ambiente y Salud. España 2005.
Impacto de las Enfermedades
profesionales en España. Instituto Sindical de Trabajo, ambiente y Salud.
España. 2007.
Causas y prevención del cáncer
ocupacional. Timo Partanen, Patricia Monge, Catharina Wesseling. Costa Rica. 2009.
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